Manual de Tantra

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Tapiz de Padmasambhava. Donación de S.S el IV Dalai Lama para la Escuela Argentina de Tantra, 1982

  Conferencia sobre tantra:

 Brindada por Osy en el marco del 2º encuentro nacional contra toda forma de violencia y discriminación llevado a cabo en la

Universidad Tecnológica Nacional.

- Declarado de Interés Educativo por el Ministerio de Educación, Ciencias y Tecnología

- Declarado de Interés por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

- Declarado de Interés Social por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires


Buenos Aires, 20 de septiembre de 2007

   Quiero agradecer la invitación para dar esta charla en este encuentro particular. Es un honor y un privilegio. Me siento complacido de la invitación y especialmente agradecido a Germán, un devoto de Silo en quién reconozco la encarnación de los ideales de un Bodhisattva, un iluminado. Bodhisattva es quien ha alcanzado un grado de renuncia tal que le permite vivir en éxtasis, fuera de si mismo, y en servicio permanente a los otros obteniendo completa satisfacción y salud al hacerlo.

   Muchos viven sirviendo a los otros, esposos entre si, padres a hijos, empleados y aun hoy, a pesar de las luchas contra las desigualdades, muchos sirven desde el lugar de la esclavitud, pero pocos obtienen placer y felicidad en este servicio.  

   Un buda es quien elige renunciar a sus propios intereses en pos de los intereses del conjunto y en este instante me encuentro rodeado de personas que observan este estilo de vida. Razón por la que, como dije, es un honor y un placer inmenso exponer frente a ustedes mi visión del tantra.  

   Alguien del auditorio le pidió a mi amante compañera en este camino no ser filmado. Claro él está por participar de una conferencia sobre tantra. Es un pecado. El debe comprender que es una blasfemia acercarse a un sacerdote y preguntarle como darle inmenso placer a su pareja.  

   Seguramente nuestro anónimo oyente sabrá que la mayoría de las personas se acercan a nosotros para poder darle un grado mayor de satisfacción de sus parejas sexuales y sabrá también que con las técnicas del tantra se logra ese fin. Lejos de ser innoble o inmoral esta búsqueda es, al menos para mí, la más noble de las intenciones. Quien decide postergar su propio placer en pos del placer del otro es un verdadero buda.

  Quien renuncia a parte de su tiempo para hacer feliz a su pareja, pudiendo obtener placer y provecho en sólo siete minutos, es alguien que puede también servir a su vecino y ser feliz al hacerlo. 

   Seguramente un psicólogo podrá ver en la actitud de quién renuncia a su propio placer en función del placer del otro a un paciente que, en virtud de algún trauma, tiene dificultad en buscar su propio beneficio. Pues a mi me gusta rodearme de personas con tal “discapacidad” y mostrarle como se puede obtener la completa realización a partir de esa “dificultad” y constituirse como personas felices manteniendo esa actitud. 

   Y para comenzar a exponer mi visión diré que entre otras cosas el tantra es una excusa o un sustituto de ese “trauma” que les posibilita a las personas que inician el camino tántrico una experiencia que los instala en el lugar de alguien que es capaz de permanecer horas en éxtasis, adorando y dando placer a su pareja, su familia, sus amigos. Y, como dije, siendo plenamente feliz.

   Quiero adelantarles también que si bien la práctica del tantra permite controlar funciones genitales y potenciar la salud sexual de las personas, la actividad sexual no es la práctica del tantra. Con la técnica se puede tener buen sexo, pero el buen sexo no es la técnica, el buen sexo es uno de las consecuencias de la práctica.  

   El tantra es un sistema filosófico que nació en la India y floreció en el Tibet en el siglo VIII de esta era. Si bien mediática y popularmente se lo ha asociado sólo con algunos beneficios sexuales-genitales, es mucho más que eso: aporta un reentrenamiento mental que posibilita aumentar la capacidad de gozo y el enfoque, adquirir el control consciente de las emociones, desarrollar la seguridad y la autoestima, vivir y dormir sin tensiones ni estrés; en otras palabras, llevar una vida plena, consciente, coherente y feliz.  

   El tantra es una de las tradiciones tibetanas más profundas y esotéricas, esto es, la más reservada y desarrollada de todas las enseñanzas de Buda. Los conceptos fundamentales y las técnicas desarrolladas a partir de estos conceptos son sumamente sencillas y es precisamente esa sencillez lo que permite internalizarlas rápidamente y ponerlas en práctica de manera verdaderamente eficaz. 

   Tal como nos enseñan las tradiciones tibetanas, Buda, que formaba parte de la casta superior de la India, cuando vio la pobreza, la esclavitud y el sufrimiento en el que vivían las personas de casta inferior, se dedicó a encontrar la forma de que el pueblo, oprimido y sojuzgado, pudiera encontrar un camino de felicidad y realización. Es decir, no la liberación del “alma” sino la liberación del sufrimiento, la ignorancia y las cadenas de la superstición. 

   Recurrió primero al intento de lograr la completa anulación del deseo, ya que creyó encontrar en él la causa de la infelicidad, hasta que se iluminó cuando una muchacha le acercó un plato de arroz y comprendió que el primer paso para que el pueblo saliera del sufrimiento era que tuviera alimento en sus estómagos.  

   Comenzó a pelear, en una pelea interna, con los dioses que determinaban las condiciones sociales (los vedas) y que establecían un yugo (dharma, ley) demasiado rígido para unos (los parias) y benévolo para otros (los brahmanes) y que obligaba a los primeros a la repetición constante de sus propias vidas y la de sus hijos inmersos en esa condición de privaciones y servilismo (reencarnación) y que aseguraba a los segundos, mediante esta ley de reencarnación, la continuidad de su poder y el de sus descendientes.  

   Buda resolvió rápidamente esta pelea con la destrucción de los dioses y el hallazgo en su interior de una deidad más clara, la propia naturaleza profunda de su mente, como único dios, y destruyó al resto conceptualizándolos como fantasmas de la cultura utilizados para esclavizar a la gran masa del pueblo.  

   Encontró, se encontró, con que los dioses sólo son producto de su propia mente y, por lo tanto, metáforas, del mismo modo que se constituyen en sus conceptualizaciones las leyes de estos dioses como metáfora también. Es decir: Los dioses son metáfora por lo tanto las leyes que ellos dan son metáforas también. 

   Por lo tanto, con los dioses y la reencarnación como metáforas, Buda encuentra el camino perfecto para lograr la liberación al entender a todos los seres sintientes como iguales. Iguales en el preciso instante de nacer y sin privilegios de unos sobre otros sustentados en haber nacido dentro de una u otra casta o clase social. 

   Comprende también que las diferencias no se sustentan en el destino sino que se sustentan en el potencial de la cultura para realizar la tarea creadora de lo que llamamos hombre. Libre o esclavo es sólo cuestión de la cultura en la que se desarrolla el individuo, de modo que estableció un camino gradual de liberación. 

   Primero, al no estar el individuo sujeto al yugo de los dioses o al destino que contenía a los desposeídos, Buda desarrolló un nuevo yugo (dharma, ley) basado en una serie de prácticas espirituales tendientes a inculcar y desarrollar valores positivos para el desarrollo armónico de la sociedad (a esto se lo conoce como dharma), y luego, basado en la compasión por todos los seres sintientes como fuente de salud, ya que el odio y la codicia representan fuente de enfermedad e infelicidad, construye como ilusorio (maya) el yo y le da estatus de deidad al individuo liberándolo así de toda superstición e ignorancia y fue desarrollando lo que conocemos como tantra. 

   Observen ahora la razón, de la posteridad, para ocultar estas enseñanzas a los ojos del pueblo o de personas o personalidades no sujetas voluntariamente a la ley. Verán acá la importancia de la leyenda citada y repetida por todos mis antecesores... "Buda enseñaba el dharma a la gente para lograr que fueran felices y encontraran un camino de realización dentro de la ley hasta que un rey le pidió una técnica para gobernar con justicia, gobernarse a si mismo y, a él, le dio el tantra". Claro el rey es la ley, el rey no necesita un yugo, el rey impone el yugo, la ley, el dharma.  

   Buda enseñaba un nuevo orden social, una nueva ley (dharma) que proponía al pueblo vivir de manera compasiva sencillamente para obtener salud más allá de todo temor hasta que se le presenta un rey y le dice que él no necesita una ley, que la ley es él. Que lo que él necesita es una técnica que le permita gobernar con justicia. Es decir gobernarse, gobernar sus propias emociones para actuar libre de ellas, de sus propias necesidades y pasiones. Entonces buda ofrece su último acto de iluminación que es enseñar la realidad de cómo contener a un pueblo para llevarlo a la realización. No como sojuzgar a un pueblo para mantenerlo en la reencarnación constante en las clases bajas, en el servilismo y la repetición constante de su propia esclavitud. 

   Emancipar a las personas y llevarlos, en algunos casos, al estatus de rey. Dentro de este orden social, siendo iguales, todos tienen la posibilidad de ser rey. Vean aquí los albores de la igualdad social. En éste nuevo dharma, (ley) las personas, todas, se sujetan voluntariamente a la ley no ya por temor a los dioses. 

   Es en ese momento que Buda ofrece la última liberación: el tantra. Pocas ideas simples. Somos todos iguales al momento de nacer, por lo tanto somos nada. Los dioses y la rueda de la reencarnación se constituyen como una metáfora, como un fenómeno, no como una realidad, de modo que la salida de esa rueda es posible. Es posible no repetir sufrimientos ni errores.  

   Si yo al nacer soy la reencarnación de alguien, puedo ser diferente de vos, pero como somos iguales en el preciso instante de nacer no soy la reencarnación de nadie. Encuentra Buda que al momento de nacer estamos vacíos y, en esa vacuidad, se construye el ser en la cultura.  

   Digo, al momento de nacer somos iguales y es la última vez que lo somos. luego al instante siguiente alguien llega desde la villa 31 a presidente y otro permanecerá allí en función de las opciones que tome de la cultura.  

   Buda encuentra la intangibilidad del yo y lo configura en sus conceptos como una ilusión (maya), por lo tanto, encuentra una forma de pensamiento no dual, un espacio de vacuidad, esto es, un espacio libre de conceptos duales y de naturaleza discursiva. Un espacio donde a priori todo es posible. Y, como dije, basado en la idea de la compasión y el servicio a la cultura como creadora del hombre crea un yugo para estas personas liberadas apelando no ya al temor de los dioses sino al buen criterio de ellos, como verdaderos dioses con poderes sobrenaturales y responsables de ese poder. 

   Un dios es alguien que tiene poderes sobrenaturales ¿verdad?, alguien que puede modificar la naturaleza. ¿Quién si no el hombre puede modificar la naturaleza? ¿Quién está destruyendo Amazonia? ¿Quién devastó a Irak?. Esos son dioses, nosotros somos dioses, cada uno de ustedes puede, de hecho lo hacen, modificar el entorno y hasta sus propias naturalezas utilizando las herramientas del tantra. 

   En los mitos, los dioses míticos pueden descargar contra los hombres rayos y truenos o enviar langostas. Preguntémosle a Sadám si fueron las langostas, si fueron truenos y rayos los que cayeron sobre la cuna de la civilización.  

   Del mismo modo que durante el período oscuro de la Edad Media en Occidente hubo brillantes iluminados que comenzaron a desarrollar un tipo diferente de conocimiento no mágico, de conocimiento científico y que fueron acusados de herejes y a quienes se les adosaron todo tipo de rituales macabros, conjuros diabólicos y ritos de sangre, sexo y lujuria para quedarse con su dinero como lo hicieron con la orden del temple. -Rituales que tuvieron que reconocer como verdaderos aunque no lo eran tan solo para evitar que continuaran infringiéndoles suplicios intolerables-. Y con los años aparecieron personas a las que estos rituales inventados por el oscurantismo religioso –estas declaraciones testimoniales hechas decir con tortura- les parecieron ciertos, y a la vez seductores, y comenzaron a ponerlos en práctica y a desarrollar órdenes o instituciones donde se enseñaban estos falsos rituales que hasta el día de hoy algunos las practican creyendo que son antiguas y verdaderas sabidurías satánicas ocultas. Es decir, tomaron la leyenda de Fausto y la hicieron realidad. Con el tantra se hizo lo mismo. Se produjo esa demonización. 

   A fines del siglo XIX se introduce en Occidente el conocimiento del tantra. Un conocimiento que proviene del budismo y, por ser el budismo una filosofía, es decir, una ley que establece que los dioses son una ilusión de nuestra propia mente, fue sistemáticamente atacado por la cola del dragón oscuro adosándole, tal como a los templarios, toda clase de falsos rituales de sexo, lujuria y desenfreno.

   De la misma manera que los falsos rituales satánicos creados por la iglesia para destruir a los templarios y a quien se atreviera a pensar por sí mismo, fueron tomados luego por parte de la sociedad victoriana para justificar su desenfreno, el tantra fue tomado por los posmodernos y superficiales hedonistas para justificar su propia impotencia frente a un deseo que no supieron o quisieron encauzar. 

   Con el tiempo, y también a partir de falsos rituales adosados al tantra por el oscurantismo religioso (vedico en la india y bíblico en occidente), se fue desarrollando lo que en la actualidad se conoce como neotantra, que es la interpretación literal y subjetiva de textos absolutamente metafóricos y herméticos por parte de quienes no han desarrollado la suficiente capacidad de pensamiento abstracto y de sustitución (la metáfora) y que eligen la vía mística como forma de conocimiento sencillo.

   La vía del conocimiento místico corresponde a una edad en la cual el pensamiento conceptual todavía no alcanzó su completo desarrollo, una edad en que la atención no cayó completamente en el gobierno consciente y el pensamiento onírico invade la razón impidiendo el pensamiento claro. Es decir un período en el cual gobiernan todavía las emociones.

   Para aclarar este suceso voy a exponer alguna de mis ideas sobre un texto tántrico del siglo VIII de la era cristiana: el "Kularnava Tantra" o rito de las cinco cosas prohibidas y luego citar un fragmento del mismo. 

   El tantra propone una vía de realización a través de la cual las personan van cultivando su espíritu, van desarrollándolo, van desarrollando experiencias que le permitan desmecanizar sus actitudes, sus conductas, haciéndolas conscientes, que dejen de ser leyes impuestas por la cultura, por el entorno, de manera automática para caer bajo la orbita de la consciencia, del yo, y poder  decidir sus conductas no de modo impulsivo, como una eyaculación emocional precoz, sino poder decidir cuando y como actuar de manera adecuada con cada oportunidad que se le presente. Saber que hacer en cada momento y lugar y hacerlo.  

   Para modificar los mecanismos conductuales instalados a modo de leyes internas el tantra establece dos formas. Una, la vía cognitiva, la meditación. Mediante una pareja tántrica un individuo puede explorar sus propias leyes internas y modificar las que le impidan la plena realización. Y otra, una vía conductista, que le permite al seguidor del camino tántrico explorar mediante juegos (lila) las leyes de su propia conducta que lo limitan en algún punto en su personal desarrollo o no lograron liberarlas para potenciarlos en su crecimiento y romperlas (las primeras) mediante ciertos ritos o fortalecerlas (las segundas) mediante ciertas practicas espirituales laicas mediante la guía de un maestro y por el respeto que de él se tenga. 

   Para el tantra, como dije, las conductas humanas son leyes y si en algún punto del crecimiento de una persona alguna de estas leyes lo limita, con el estímulo, y a pedido de su maestro debe romperlas. Y, como una sintomatología no puede dejar de hacerse sencillamente por la voluntad de la conciencia, debe quebrar una ley sustituta, un reemplazo de esa ley. 

   Así en el Kularnava Tantra se establece que el candidato a iniciarse tiene que realizar un rito por el cual debe quebrar cinco leyes (Que no son leyes civiles, religiosas, éticas, estéticas ni cualquier convención u ordenamiento jurídico o social). Estas leyes son: Tomar vino, comer carne, pescado, cereales y adorar a una mujer. -En sánscrito vino carne, pescado, cereal y mujer comienzan con la letra M por esto se lo conoce como rito de las cinco emes-. 

   Y, tal como dije, al no poder quebrarse con facilidad una conducta patológica lo que debe quebrarse es un reemplazo. Ejemplo: el vino por leche de coco y la mujer por una flor. Esta es la esencia del Kularnava Tantra y del rito de las cinco cosas prohibidas o cinco emes. 

Así este texto de Pandit, el Kularnava Tantra, en el capítulo IV de la traducción de Govinda de editorial Eyras dice: "Y la mujer (Scto. maithuna) la quinta eme, que debe atenderse no es otra que la Shakti (diosa) interna, que permanece dormida en el animal humano normal y está despierta en el seguidor del camino Kula. Esta es la Shakti a la que se debe servir y asistir. El auténtico maithuna, la quinta "eme", es el flujo impetuoso de Dicha que sigue al encuentro de esta Pareja Divina, la Suprema Shakti con el Ser Supremo, el Señor que espera arriba. Cualquier otra cosa no es más que copulación".

   Es decir, la quinta eme, no es otra cosa que la adoración, y la incorporación para si, por parte del practicante de los aspectos conductuales que la sociedad tiene reservado para el género diferente al propio. Esto es que el practicante, si es hombre, debe adorar su propia feminidad, su propia mujer interna. Exaltar los valores de su propia femineidad que puedan serle útiles en el sendero de su propia realización.

   Aquí vemos otro avance de la humanidad hacia el equilibrio de géneros y avanzamos en el camino del tantra por más derechos civiles y contra toda forma de discriminación.

   Seguramente cuando en nuestros líderes hombres se potencie su propia femineidad irán abandonando el camino de la destrucción y la violencia y tomarán más firmemente el camino de la seducción y la creación. En vez de la muerte y la violencia optarán por la vida y el amor.

   Sin embargo en el prólogo del Kularnava Tantra, el prologador, que no debe haberlo leído con detenimiento escribe en la página 10, al término del segundo párrafo, en lugar de cinco cosas prohibidas “cinco cosas malas” y en la página 13 escribe: “y la práctica del acto sexual (denominada maithuna y que exige control sobre los pensamientos, la respiración y el semen) es todo un ceremonial místico-esotérico que pretende la creación de determinadas actitudes internas supramentales, el desencadenamiento de determinadas potencias energéticas…”

   Luego, la gente que sólo lee los prólogos de los libros y cree entender el todo por una parte, publica a su vez otros libros o páginas web, donde se repite una y otra vez que maithuna es un ritual donde se tiene sexo lento y con comida de por medio.

   Del mismo modo quienes necesitan justificar sus acciones, encontrar excusas “nobles” para actos que de otro modo considerarían innobles, comenzaron a practicar un supuesto “sexo sagrado tántrico”. Obviamente una careta para su propia careta que, lejos de llevarlos a la plenitud, los lleva a un alejamiento mucho mayor de si mismos.

   Visto que es el tantra, quiero exponerles la epistemología tántrica ya que de eso se trata. El tantra, más que una suma de ciertos conocimientos, es una forma de conocimiento del que se desarrollaron, y desarrollé con los años, ciertas técnicas de aplicación clínica.

   El tantra es una forma de acceder al conocimiento que se comienza a desarrollar en el siglo X DC a partir de los conceptos atribuidos a buda en su búsqueda de la iluminación. La iluminación para Buda es el concepto de verdad común, la verdad que ven los ojos. Pero no la verdad que ven mis ojos sino la verdad que vemos todos. La verdad que podemos compartir.  

   Tantra es entretejer, eso significa la palabra tantra (acción de entretejer), entretejernos en una verdad compartida integrando las parcialidades que cada uno puede ver desde su propia perspectiva sin ningún tipo de discriminación de ideas, formas o estilos de vida, dejando fuera sólo lo que todos estemos dispuestos a dejar fuera y lo establezcamos fehacientemente en nuestras respectivas constituciones y leyes penales y civiles. 

   Fritjof Capra, en la página 14 de su libro “El tao de la física” desarrolla este concepto de iluminación del budismo de la siguiente manera: "El primer punto del óctuple camino -normas del Buda para lograr la autorrealización- es bien ver, seguido de bien saber”.  Y cita a D.T. Suzuki quien escribe: “En la epistemología budista el ver juega un papel muy importante, pues constituye la base del saber. Sin ver es imposible saber; todo conocimiento tiene su origen en la visión. Por ello saber y ver se suelen encontrar unidos en la enseñanza del Buda. Por consiguiente, la filosofía budista indica ver la realidad tal como es. Ver es experimentar la iluminación”. 

   Muy parecido es este punto de partida al que se tenía en las escuelas pitagóricas para iniciar en el conocimiento a sus alumnos. Para admitirlo se exponía al candidato a una imagen conteniendo tres puntos y se le preguntaba que veía en esa imagen. Sólo eran admitidos quienes respondieran sencillamente “tres puntos”. Esto es, se admitían a quienes pudieran separar la verdad de sus propias conjeturas personales. 

   Este es el punto de partida budista. Las cosas son. No son lo que yo creo que son. Occidente tiene un punto de partida diferente y ese fue el principal obstáculo de la epistemología cartesiana. La epistemología occidental parte del supuesto indemostrable que somos algo, que somos hijos de dios, que somos cuerpo y alma, y eso no se discute al punto que aun hoy el psicólogo no se forma dentro de la facultad de medicina tal como el enfermero, el radiólogo u odontólogo -Quien estudia la psique (el alma) debe hacerlo en un edificio diferente de quien estudia el cuerpo. Una cosa es el cuerpo y otra el alma-. 

   Y desde este punto de partida, de entender que las cosas son –no lo que yo creo que son- y de esta negación de la existencia a priori del ser, Siddharta Gautama (Buda) descubre y dice: 

“No creas en nada, simplemente porque te lo han dicho o porque es tradicional. No le creas a tu maestro simplemente por respeto. Pero si de alguna forma, por medio de un examen, encuentras que es uno que lleva al bienestar y felicidad de todas las criaturas, entonces sigue ese camino como la luna sigue el camino de las estrellas.” 

“No hay condiciones permanentes;
No hay condiciones confiables;
Nada es sí mismo.”

   Y desde ahí Buda encuentra que:

“Somos lo que pensamos. Todo lo que somos se origina en nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos, hacemos el mundo.” Siddharta Gautama (Buda).

   Como se ve, la comprensión del hombre es de naturaleza no dual. Si somos iguales (que es el primer esbozo de socialismo) es porque al nacer somos nada. Es decir, el fenómeno "alma", carente de existencia real, no es otra cosa que un yo ilusorio que emerge desde un lugar más profundo dentro de nosotros y que se construyó en el discurso de la cultura.

   En este sentido, resulta absurdo ver como, mientras la ciencia, la filosofía y hasta las grandes religiones se acercan a este concepto, (la división del sujeto entre Kama y Dharma,  el deseo y la ley, entre una consciencia ilusoria o Yo y un sistema de pensamiento más profundo y autónomo del yo, -el pensamiento profundo del que habla Nietzche-), la new age, las "terapias alternativas”, insisten en una división entre cuerpo y alma carente de sentido hoy. 

   Desde esta forma de entender al hombre y de la observación (meditación) de cómo funciona la mente y la atención, el tantra ofrece herramientas para lograr reunificar los dos lenguajes presentes en el individuo: el pensamiento conceptual del yo y el pensamiento global o involuntario de la naturaleza profunda de la mente (emocional para Daniel Goleman) y para poder, a su vez, controlar las emociones -Es decir, a la luz de los avances de la ciencia experimental más avanzada, las proteínas peptídicas que segrega el hipotálamo-. 

   Cuando me inicié en la práctica del tantra se me pidió que delante de mi maestro actuara temor y respeto aunque no lo sintiera. Esto es entrenarse en el control emocional, que no es represión emocional. 

   Si liberamos nuestras emociones y las encauzamos desde la consciencia no existirían las violaciones realizadas por quienes son sometidos a represión sexual, tal como se da entre los sacerdotes protegidos por Ratzinger, ni tanta agresividad producto de la ira y el enojo contenido.  

   Cuando se controla voluntariamente la producción de las emociones que necesitamos en cada momento y lugar podemos producir proteínas peptídicas (emociones) que nos permitan experimentarnos plenos y satisfechos y construimos por lo tanto un mundo pleno y satisfecho.  

   Dijo SS el XIV Dalai Lama después de ver los resultados arrojados por investigaciones realizada con un tomógrafo en el cerebro de un monje budista tántrico que él tenía razón al intentar ser cada vez más compasivo, dijo que le convenía serlo por su propia salud. (Estas investigaciones demostraron que en la meditación de apertura, al meditar y desarrollar la compasión se obtenía un grado mucho mayor de salud). 

   Por esto, desde nuestra fundación intentamos promover el cultivo de emociones positivas en términos de salud y en términos de conveniencia personal, como forma de realizar atención primaria en salud. Es decir promover salud y no luchar contra las enfermedades una vez instaladas.

   Los resultados de estos experimentos pueden leerse en el libro de Daniel Goleman “Emociones destructivas”  donde cita que las investigaciones realizadas por un grupo de neurocientíficos demuestran que la meditación tántrica de enfoque en un punto y la de apertura (compasión) modifican la estructura del cerebro y producen resultados en la capacidad de experimentar felicidad y salud general. 

   La compasión, el grado de compasión y éxtasis, es proporcional al grado de salud de quien lo desarrolla y practica. Al respecto quiero citar un párrafo del mencionado libro de Goleman:

"Es posible cultivar la felicidad porque la estructura misma de nuestro cerebro también puede ser modificada –dijo Davidson al Dalai Lama. Y los resultados de la moderna neurociencia nos invitan a seguir experimentando con otros sujetos adecuadamente entrenados para poder investigar con más detenimiento todos estos cambios. Hoy en día disponemos de métodos que muestran los cambios que provocan en el cerebro este tipo de prácticas y también, en consecuencia, podemos poner de relieve el modo más adecuado de mejorar nuestra salud física y mental". ---Daniel Goleman, “Emociones destructivas”, página 24. 

   La práctica del budismo tántrico se encamina a lograr la calma mental y es en esta calma en donde aparecen la claridad del pensamiento y la felicidad, y la posibilidad de estar libre de emociones permite no proyectar en los otros las propias. Así, si yo siento paz, es paz lo que voy a proyectar en los que me rodean; por el contrario, si es violencia lo que me habita es eso lo que proyectaré en los demás y mis actos se regirán por esa violencia.  

   Es por esto que propongo trabajar por la paz. Del mismo modo que quienes aquí estamos, en esta mesa, estamos convocados a trabajar por la salud y no contra la enfermedad me permito invitarlos a trabajar por la paz y no contra la violencia.

   En Occidente, quizá porque la duda sobre lo que somos fue resuelta rápidamente (somos hijos de dios, un alma encerrada en un cuerpo) y tomada como punto de partida sin cuestionamientos para la filosofía, especulamos o sobre las potencias de ese alma o sobre el poder de la materia.

   Occidente no pudo conquistar ese fenómeno llamado alma, -claro es sólo una apariencia, ¿cómo se puede conquistar una apariencia?- no pudo ver con claridad la fuerza del deseo y como encauzarlo y sí pudo conquistar las fuerzas de la naturaleza, domarla y llevar la realización material a gloriosos extremos conservando una noción a priori de sujeto dividido entre cuerpo y alma dejando que los teólogos se ocuparan de esta última.

   Generación tras generación, con excepción del Tibet, la ciencia del mundo estuvo subordinada a la maquinaria bélica y de conquista mientras que en el Tibet, sin la necesidad de desarrollar tecnología bélica, con siglos por delante y por detrás de estabilidad teocrática, se ocuparon de desmenuzar la mente y los procesos mentales.

   Partiendo de la mencionada noción epistemológica, más rigurosa que la cartesiana, de que las cosas son, no lo que yo creo que son. Y viendo que el hombre no es, que es una realización post-parto, alcanzaron una noción de sujeto también dividido, pero no entre cuerpo y alma sino entre kama (deseo) y dharma (ley), esto es, entre el deseo y la ley.

   Siguiendo las directivas budistas, el irrenunciable sometimiento a la Ley, al dharma, comenzaron a experimentar con lo que sí podían, con el deseo, y encontraron técnicas para enfocarlo, acrecentarlo, direccionarlo, como una poderosa herramienta de realización.

   Occidente logró conquistas en el terreno del conocimiento que superan las tradiciones tibetanas. Se descubrió cómo hacer uso de las enormes fuerzas presentes en un átomo al tiempo que el Tibet descubrió cómo hacer uso de la enorme fuerza del pensamiento. El manejo de esta enorme fuerza, de la energía del deseo, es el objetivo de las prácticas tántricas. Y, tal como lo dijera SS el XIV Dalai Lama la forma de enfocarlo en un punto.

   Cuando se logra esto. Enfocarse en un punto, acceder a la realización de nuestro deseo es sencillo. Y podemos entender fácilmente el concepto que expresara Heideguer al decir que un corazón puro es aquel que desea una sola cosa.

   Mientras no nos acerquemos a la visión tántrica, mientras no abandonemos la idea de la división aparente de nosotros mismos en cuerpo y alma, mientras no encontremos dentro de nosotros esa poderosa fuerza que es el deseo, seguiremos fragmentados e inmersos en una realidad que no podremos manejar. Andaremos como títeres manipulados por fuerzas emocionales que nos son desconocidas.

   La práctica del tantra nos permite encauzar esa fuerza y controlar las fuerzas mentales y emocionales propias para transformar nuestras vidas y así alcanzar un estado de plenitud, de libertad, es decir, la autorrealización.

   Aquí se constituye el tantra como un culto. Verán que el tantra en algún punto es también una creencia. Es la creencia en la no autoexistencia de los dioses. Es la creencia en la inexistencia del yo como algo fijo, inmutable, y  existente por si. Es la creencia en un mecanismo que nos gobierna desde un lugar que el yo desconoce pero que es propio del ser. El tantra es la creencia en la no dualidad de ese ser.

   Y verán también que esta creencia dio y da lugar a ciertas practicas espirituales tendientes a religar (religión) esa consciencia ilusoria con su propia  naturaleza profunda y lograr que ella accione acorde a los quereres presentes del yo.

   Los conceptos tántricos mencionados hasta aquí también constituyeron prácticas espirituales tendientes a ligarse con los otros en un tejido social más fraterno y solidario para promover mayor salud individual y colectiva en el servicio a la sociedad en la que reconocemos, en definitiva, a nuestro hacedor -no soy hijo de dios, soy hijo de la cultura-.

   La creencia en un dios creador es una creencia que puede dar lugar al establecimiento de un culto en servicio de ese padre por parte de quienes tienen esa creencia en común y se reconocen hijos de él.

   La no creencia en dios es también una creencia y desde esta creencia un practicante de tantra debe rendir culto en primer lugar a su diosa madre, la cultura.  La creencia en ser una inscripción de la cultura, el deseo de un dios llamado el otro impone al practicante de tantra la obligación de servir (rendir culto) y atender las necesidades de ese dios llamado el otro renunciando a su propio beneficio en favor de quién reconoce como su creador.

   Tal como expresa SS el XIV Dalai Lama, las religiones occidentales aportaron mucho en el desarrollo de las artes y las ciencias de los pueblos en donde ejercían su influencia. El budismo ofrece la capacidad de enfocarse en un punto. Este beneficio es el que intentamos expandir en nuestro entorno al vivir nuestro ser tántrico, nuestra particular espiritualidad laica, según los principios de esta forma de conocimiento y con las prácticas que hasta el presente se desarrollaron

   Entendemos que de extenderse estos conceptos y prácticas basadas en la compasión, el estricto cumplimiento de las leyes locales, la meditación, la renuncia y el enfoque del deseo como forma de liberación del sufrimiento, se establecerán con más firmeza valores humanos positivos y se contribuye al fortalecimiento de un tejido social cada vez más saludable. Muchas gracias por escucharme.

Oscar R. Gómez(Osy)
Presidente Fundación MenteClara

 

 

 

 

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